jueves, 29 de noviembre de 2012

El sónar militar provoca el varamiento de los cetáceos


 
El uso indiscriminado del sónar antisubmarinos por parte de  armadas puede estar detrás de algunos de los varamientos masivos de cetáceos que se dan  numerosas partes del globo. 
Esto es lo que apunta una investigación llevada a cabo con un delfín cautivo al que se le sometió a pruebas de sónar, tras lo que se comprobó que perdía totalmente el sentido de la audición y ecolocalización hasta 40 minutos. Este tiempo es más que suficiente para que el cetáceo pierda su sentido de la , ascienda a la superficie y sufra una embolia masiva, como le ocurre a los buceadores tras un tiempo prolongado de inmersión. 
El estudio llevado a cabo por el Instituto de Biología Marina de Hawai afirma que, aunque la mayoría de los varamientos puedan tener causas naturales no conocidas en profundidad, los ejercicios navales con utilización del sónar explican algunos de ellos. Señalan que en los sucesos de muerte y varamiento de Canarias, Hawai y Bahamas esa fue la causa. 
Las pruebas llevadas a cabo con un delfín mular cautivo en un delfinario de Hawai, indican que el sónar debía permanecer activo dos minutos para que tuvieran lugar las perturbaciones en el cetáceo. Este margen de tiempo –indican los autores–, podría dar lugar a que ballenas y delfines trataran de alejarse de la fuente sonora que causa primero su alarma, luego el pánico y finalmente la huida. 
Sin embargo, los investigadores también han comprobado que el sonido viaja en el océano a grandes distancias dependiendo de las condiciones oceanográficas. Por ejemplo, citan la existencia de trampas submarinas de sonido, que no son otra cosa que capas de agua de distinta temperatura que envuelven el sonido y lo traslada con las corrientes. 
Otras condiciones oceanográficas que facilitarían la expansión del sonido serían los valles y montañas, donde rebotaría al igual que el efecto de eco, en la superficie. Esta accidentada geografía submarina se da en los tres casos citados anteriormente, donde se utilizó el sónar en unas maniobras navales. 
No obstante aún hay muchas preguntas en el aire, como sugiere Antonio Fernández, catedrático de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas y una autoridad internacional en esta materia: «¿Por qué los delfines mulares no resultaron afectados en Canarias, y todos los individuos muertos fueron zifios?», plantea. 
Fernández cree que el sónar militar afecta más a unas especies que otras. Piensa que la respuesta tiene que ver con la morfología y distintos perfiles de buceo entre delfines y zifios. Este último, que se sumerge hasta los 1.500 metros metros durante más de una hora, cuando es sorprendido por una fuente sonora tan intensa y dañina, deja de alimentarse y emerge rápidamente. En el caso del delfín mular de la piscina no era posible tal circunstancia por falta de profundidad, aunquesu principal sentido quedara anulado. 
En todo caso, nadie duda ya que esas fuentes acústicas dañan a los cetáceos», concluye el catedrático. 
  
El uso del sonar para la comunicación naval ha sido relacionado en el pasado con los embarrancamientos en zifios. 
Científicos de la Universidad de St Andrews, en Escocia, han estado trabajando con expertos marinos de todo el mundo para investigar cómo afecta el sonar en los zifios en las Bahamas. 
Los zifios son un grupo esquivo de pequeñas ballenas llamadas así por sus hocicos alargados sin embargo se las conoce mejor por su relación con los posibles peligros que el sonar naval supone para los mamíferos marinos. 
Por ejemplo, en los años 2000 y 2002 murieron embarrancados grandes grupos de zifios. En ambas ocasiones cerca del lugar se estaban llevando a cabo entrenamientos navales (que implican comunicación sonar), lo que hizo suscitar preocupación sobre la relación directa de las muertes con las señales de frecuencia media. 
Los investigadores centraron su estudio, publicado en la revista PLoS One, en aguas próximas al Centro de Evaluación y Pruebas del Atlántico Submarino de la marina de los Estados Unidos. 
El equipo de monitotización acústica de la marina, empleado para escuchar señales de submarinos, ha identificado al zifio de Blainville (Mesoplodon densirostris) que se alimenta en esta zona. 
Los científicos escucharon al grupo de ballenas usando hidrófonos (micrófonos submarinos). 
Durante los ejercicios de sonar llevados a cabo por la marina de los Estados Unidos, las ballenas dejaron de emitir sus chasquidos y zumbidos que se cree emplean para navegar y comunicarse. 
"Los resultados indican que los animales dejan de vocalizar antes de tiempo durante una inmersión profunda en busca de alimento cuando se ven expuestas al sonar. Luego suben lentamente y se alejan de la fuente, reanudando sus inmersiones una vez están lo suficientemente lejos," dice David Moretti, director de la investigación para la marina de los Estados Unidos. 
Hallaron que las ballenas se alejan hasta 16 km de la zona durante las pruebas de sonar y que no regresan hasta al cabo de tres días. 
"Estaba claro que estas ballenas se alejaban rápidamente de la trayectoria del sonar. Ahora sabemos que en determinadas circunstancias poco comunes no son capaces de salir de esa trayectoria y esto termina con los animales embarrancando y muriendo," dice el profesor Ian Boyd, científico jefe en el proyecto de investigación. 
En un intento por estimar el efecto que los distintos ruidos afectan en los zifios, el equipo también simuló llamadas mediante sonar en ballenas en su estado salvaje, incluyendo llamadas de ballenas orcas. Los zifios mostraron el mismo comportamiento de evasión en respuesta a estas llamadas. El equipo también pudo seguir luego sus movimientos por satélite empleando marcas sujetas a las ballenas. Las marcas midieron todos los sonidos escuchados por las ballenas y sus posteriores movimientos. 
"Los sonidos de sonar empleados en los entrenamientos navales para detectar submarinos hace que probablemente los zifios se agrupen y embarranquen en la costa pero quizás algo incluso más importante, hemos descubierto que cualquier ruido inusual asusta a los zifios." 
Boyd dice que otros sonidos son más peligrosos que el sonar porque podrían escucharse constantemente, algo que afectaría los ciclos alimenticios y reproductivos de las ballenas. 
"Los niveles generales de sonido generados por el hombre en el océano, desde barcos, exploración de petróleo y gas y energías renovables, pueden ser un problerma mucho más grave para los zifios y para algunas otras especies sensibles,"dice. 
El estudio muestra que las ballenas se muestran mucho más sensibles ante niveles de sonar bajos de lo que se creía hasta la fecha y que se mueven rápidamente para evitar el sonido. 
Los zifios son conocidos por emitir llamadas de frecuencia alta sin embargo esta es la primera vez que alguien ha demostrado que los zifios reaccionan a sonidos de frecuencia media. 
Ahora que se ha demostrado la relación entre la contaminación acústica y los varamientos, Boyd espera que se diseñen nuevos barcos más silenciosos y que su sonar pueda apagarse cuando no se use. 
Cerca de una docena de ballenas, normalmente zifios o cachalotes, embarrancan en Gran Bretaña cada año. 

  


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